mirador ´05
16-Nov-05
mirador ´05
berzosa de lozoya (madrid)
18 - 19 - 20 Nov
http://www.miradores.org/2005/
//////////
Viernes 18
22:00 - 23:30 // Djitter [audio] + HyO [video] [+info]
//////////
——- l i n e a l a n d i a ———
07-Nov-05
_____ linealandia ————

[…] Parecía ser que aquel pobre e ignorante monarca (como él se llamaba) estaba convencido de que la línea recta que él llamaba su reino, y en la que transcurría su existencia, constituía la totalidad del mundo, y en realidad la totalidad del espacio. Al no poder ni moverse ni ver más que en su línea recta, no tenía noción alguna de lo que pudiese estar fuera de ella. Aunque había oído mi voz cuando me había dirigido a él por primera vez, los sonidos le habían llegado de una forma tan contraria a su experiencia que no había contestado nada, al no ver ningún hombre, según su expresión, y al oír una voz que parecía salir de mis propios intestinos. Hasta el momento en que emplacé mi boca en su mundo, ni me había visto ni había oído nada más que sonidos confusos chocando con… lo que llamé yo su lado, pero que él llamó su interior o estomago; no tenía tampoco ni la menor noción de la región de la que yo había llegado. Fuera de su mundo, o línea, todo estaba para él en blanco; bueno, ni siquiera en blanco, pues lo de estar en blanco implica espacio; digamos, más bien, que todo era inexistente. […]
Sus súbditos (de los que las líneas pequeñas eran hombres y los puntos mujeres) estaban todos igualmente confinados en movimiento y visión a la línea recta única, que era su mundo. No creo que haga falta añadir que la totalidad de su horizonte se hallaba limitada a un punto. Hombre, mujer, niño, cosa… todo era un punto para el ojo de un linealandés. Sólo por el sonido de la voz podían distinguirse el sexo y la edad. Además, como cada individuo ocupaba el total del, digamos, estrecho sendero que constituía su universo, y nadie podía moverse hacia la derecha o la izquierda para dejar paso a los transeúntes, resultaba que ningún linealandés podía pasar a otro. Una vez vecinos, vecinos para siempre. Entre ellos la vecindad era como el matrimonio entre nosotros. Los vecinos siguen siéndolo hasta que la muerte los separa.
Una vida así, con toda la visión limitada a un punto, y todo el movimiento a una línea recta, me pareció indescriptiblemente monótona; y me sorpendieron la vivacidad y la alegría del rey. Me pregunté si sería posible, en medio de circunstancias tan desfavorables para las relaciones domésticas, gozar de los placeres de la unión conyugal y dudé durante un rato si debía o no interrogar a su alteza real sobre tema tan delicado; pero al final me zambullí en él abruptamente preguntándole por la salud de su familia. Mis esposas e hijos, contestó, están bien y felices.
Estupefacto ante esta respuesta (pues en la cercanía inmediata del monarca, tal como había apreciado en mi sueño antes de entrar en Linealandia, no había mas que hombres) me aventuré a responder:
Perdonádme, pero no puedo entender cómo su alteza puede ver o acercarse en algún momento a sus reales majestades, cuando hay media docena por lo menos de individuos interpuestos, a través de los cuales no podéis ni ver ni pasar. ¿Es posible que en Linealandia no sea necesaria la proximidad para el matrimonio y para la generación de hijos?
¿Cómo podéis hacer una pregunta tan absurda? - replicó el monarca - . Si fuese en realidad como sugerís, pronto se despoblaría el universo. No, no; no es necesaria la vecindad para la unión de corazones; y el nacimiento de hijos es una cuestión demasiado importante para que dependa de un accidente como la proximidad. No es posible que ignoréis esto. Pero, puesto que os complace fingir ignorancia, os instruiré como si fueseis el bebé más bebé de Linealandia. Sabed, pues, que los matrimonios se consuman por medio de la facultad del sonido y a través del sentido de la audición.
Vos sabeis, claro está, que cada hombre tiene dos bocas o voces (así como dos ojos), una de bajo en uno de sus extremos y otra de tenor en el otro. No debería mencionar esto, pero la verdad es que no he sido capaz de distinguir vuestra voz de tenor en el curso de nuestra conversación.
Yo contesté que no tenía más que una voz, y que no me había dado cuenta de que su alteza real tuviese dos.
Esto confirma mi opinión dijo el rey - , de que vos no sois un hombre, sino una monstruosidad femenina con una voz de bajo y un oído completamente inculto. Pero continuemos. Habiendo dispuesto la propia naturaleza que cada hombre haya de tener dos esposas…
¿Por qué dos? - pregunté yo.
Lleváis demasiado lejos vuestra fingida ignorancia exclamó él - . ¿Cómo puede haber una unión plenamente armoniosa sin la combinación de los cuatro en uno, es decir, el bajo y el tenor del hombre y la soprano y la contralto de las dos mujeres?
Pero dije yo - , ¿y si un hombre prefiriese una esposa o tres?
Es imposible dijo él - ; es tan inconcebible como que dos y uno pudiesen ser cinco, o que el ojo humano pudiese ver una línea recta.
Yo le habría interrumpido, pero continuó del modo sigiuente:
Una vez por semana, hacia la mitad de ésta, una ley de la naturaleza nos impulsa a desplazarnos de un lado a otro con un movimiento rítmico de violencia superior a la normal, que se prolonga el tiempo que os llevaría contar hasta ciento uno. En medio de esta danza coral, en la pulsación cincuenta y uno, los habitantes del universo se detienen en plena carrera y cada individuo emite sus tonos más ricos, plenos y dulces. En ese momento decisivo es cuando se realizan todos nuestros matrimonios. Tan exquisito es el ajuste de bajo a tiple, de tenor a contralto, que muchas veces las amadas identifican inmediatamente la nota receptiva del amado que les está destinado aunque estén a veinte mil leguas de distancia; y el amor los une entonces a los tres, atravesando los míseros obstáculos de la distancia. El matrimonio que se consuma en ese instante produce una prole masculina y femenina triple que ocupa su lugar en Linealandia. […]
![syndicate this site . sindicación RSS2 [XML]](http://www.20020.org/web/wp-content/images/rss_blue.gif)









