the sound is acting

Cuando oigo lo que llamamos música, tengo la impresión de que se trata de alguien que me habla, y que habla de sus sentimientos, o de sus ideas sobre las relaciones, pero cuando oigo la circulación, el sonido de la circulación [the sound of traffic], aquí, en la Sexta avenida, no tengo la impresión de que alguien hable. Tengo la sensación de que el sonido actúa [the sound is acting], y amo la actividad del sonido; es más fuerte o menos fuerte, más agudo o más grave, y esto me satisface completamente. No tengo la necesidad de que el sonido me hable. (…) La gente espera de la escucha que ésta sea más que una escucha y, a veces, emplea expresiones como “la escucha interior” o “el significado del sonido”. Cuando hablo del sonido, la gente termina por comprender que hablo del sonido, que no tiene significado, que no es “interior” sino “exterior” [it´s not inner, but it´s just “outer”]. Amo los sonidos tal como son. Los que lo entienden acaban por decir “¿quiere decir que no son más que sonidos?” y piensan que lo que no es más que un sonido es inútil [useless]. (…) Amo los sonidos tal como son; no quiero que los sonidos pretendan ser otra cosa, que un sonido pretenda ser un presidente, o que está enamorado de otro sonido. Sólo quiero que sea un sonido, y no soy tan tonto.

John Cage en Écoute (docum.) ; citado por M. Chion en “El Sonido” (Paidós, 1999)

J(e m)’acuse \\\\ diálogos permanentes

J(e m)’acuse

«Me acuso de tener conciencia de formar parte de un diálogo permanente con una inmensa herencia cultural precedente; de creer que toda obra de arte deriva de otras previas que forma con ellas un tejido, una red, así como con sus contemporáneas y con aquellas otras por venir.

Me acuso de creer que los lenguajes que habitamos y somos conforman un patrimonio público –de imágenes, palabras y todo tipo de signos-; de creer que cada “obra” es fruto, y provisional, de un proceso que no podemos dejar de considerar colectivo, en tanto que se trata de lecturas, de diferentes actualizaciones de un código común.

Me acuso de creer que la base de lo que llamamos creación artística no es sino la desviación del uso de la norma lingüística, y que desde la tradición oral a la contaminatio latina o a Pound, al collage y al montage, al Pop Art, al ready made … la parodia, la manipulación, las recontextualizaciones, la cita, la ironía, el intertexto son los recursos en los que se basa esa “creación”. Y esto es así no sólo en esos casos y en el de quienes se reconocen en esa tradición, sino en todos, incluidos los de aquellos que defienden la ficción contraria a fin de preservar el estauto que el senado y el pueblo (¡y el mercado!) confieren a la figura del genio individual y a su obra.

Me acuso de indignarme ante las campañas de propaganda que recurren al tan popular mito del artista bohemio y sus penalidades como coartada para restringir el acceso a las producciones culturales en un momento en que la tecnología permite su libre circulación e intercambio. Y me acuso de ver esta ofensiva como parte del proceso general de privatizaciones que exige el sitema de explotación capitalista globalizado: liquidación de todo tipo de bienes y servicios públicos, incluido –¡cómo no!- el conocimiento, reducido a mercancía, en beneficio de los propietarios y los intermediarios y a costa del empobrecimiento general.

Me acuso de creer que los grandes propietarios utilizan a los chicos como coartada para conservar sus privilegios; de creer que la inmensa mayoría de los artistas no obtiene beneficios del copyright - o que estos son irrisorios- y que lo que aquí está en juego son los grandes ganancias generadas por la industria del ocio - el cine y la música comerciales: best sellers, hits, blockbusters, taquillazos… que de lo que en realidad se está hablando es del control por parte de las corporaciones del mercado de las comunicaciones. Un lienzo más del muro, de la verja, las vallas, las barreras de leyes que levantan por todas partes para mantener la chusma a raya y separar a los ricos de los pobres, a los solventes de los indeseables, y extender el campo de la exclusión.

Me acuso de ver que detrás de las presiones que los gestores de la propiedad intelectual ejercen sobre la opinión pública y los gobiernos para reforzar el control sobre la cultura “dentro del actual modelo social y económico”, hay un reconocimiento implícito de lo imperecedero de dicho modelo y orden. Y me acuso también de distinguir entre una red wi-fi y desalambrar: que allí donde ellos ven sólo máquinas de hacer dinero, otros vemos ocasión para la lucha y el juego, es decir, para la vida.

Me acuso de ver en la criminalización y persecución de la circulación y de la copia, síntomas de que estamos en un momento de transición de la cultura de masas en el que es posible el desarrollo de nuevas formas de cultura popular: colectiva, polifónica, multiforme, poliédrica, desjerarquizada, reticular, excentrica, horizontal, rizomática, procesual y en constante reescritura, (auto)cuestionamiento y transformación.

Me reconozco interesado en y partidario de la experimentación de cierto tipo de prácticas artísticas que podríamos llamar comunistas, con perdón, o, si se quiere, comunalistas o comunitaristas, o sociales, o públicas, en el sentido de distinguirse por su vocación, entre otras cosas, por hacer sociedad –esto es, el territorio del debate, del diálogo, el disenso, del conflicto también; trabajos que nos son sino una relectura de citas, visuales y verbales, extraídas de textos preexistentes y que, a su vez, pasan a formar parte de narraciones más amplias, que las incluyen y que las desbordan. Y me acuso de ver en estos desbordamientos, ejemplos de otros modos de hacer, relacionados con otras maneras de hacer polis, en el sentido de desarrollar un tipo radical de democracia.

Me acuso finalmente de soñar, de imaginar modos de resistencia en compañía de otros; también de no ignorar que todo esto suena a wishful thinking, de que digo nombres más que gastados, de repetir palabras empapadas por la saliva de otros, de saber que el motor de este deseo no es sino el deseo mismo, curtido en mil fracasos, traiciones, desengaños… Me acuso de saber que este amor no es el primero y sin embargo y pese a todo amarlo.»

\\ Rogelio López Cuenca [+]

dur-a-tion — - -

Duration is a state whose movement is not worn down by hindrances. It is not a state of rest, for mere standstill is regression. Duration is rather the self-contained and therefore self-renewing movement of an organized, firmly integrated whole, taking place in accordance with immutable laws and beginning anew at every ending. The end is reached by an inward movement, by inhalation, systole, contraction, and this movement turns into a new beginning, in which the movement is directed outward, in exhalation,
diastole, expansion.

Heavenly bodies exemplify duration. They move in their fixed orbits, and because of this their light-giving power endures. The seasons of the year follow a fixed law of change and transformation, hence can produce effects that endure.

So likewise the dedicated man embodies an enduring meaning in his way of life, and thereby the world is formed. In that which gives things their duration, we can come to understand the nature of all beings in heaven and on earth.

“I Ching: Or, Book of Changes” (Richard Wilhelm’s and Cary F. Baynes translation)