el silogismo de la hierba
02-Feb-07
La hierba es mortal
Los hombres son mortales
Los hombres son hierba
___________________________________________________
Gregory Bateson (1904-1980
·
·
·
SONOVISUAL EXPLORATIONS / SOUND ART / VJING
La hierba es mortal
Los hombres son mortales
Los hombres son hierba
___________________________________________________
Gregory Bateson (1904-1980
·
·
·
___________________________________________________
LAGARTIJA NICK. Val-del-Omar. Madrid: Sony, 1998
·
·
·
Borrarse y experimentar se resumen en hacer rizoma: no echar raíces en nuestra identidad, hacernos mundo buscando las conexiones que nos convienen.
(…)
No plantar, o plantar y olvidar, y seguir rodando. Es así como circula la vida, y es así como se mueve el deseo, siempre mediante empujes exteriores y conexiones productivas. El rizoma es una multiplicidad que cambia a medida que aumentan sus conexiones.
(…)
El rizoma no abandona un territorio para ocupar otro, sino que conecta nuevos territorios y los invade con su color, con sus formas, con su perfume, que van cambiando y fusionándose con los colores, formas y perfumes de lo invadido.
(…)
Frente a los viajes de trabajo o de placer que no son más que aparentes rupturas y desterritorializaciones baratas, Deleuze opone el buen viaje, aquel en el que se intenta verificar algo, como ir a buscar un color con el que se ha soñado, o un aroma del que no se conoce más que la descripción (En cualquier caso, Gilles Deleuze no fue un gran viajero: afirmaba que leer y escuchar música le hacían pasar por estados y emociones que un viaje no le darían, por lo que sus libros, sus discos eran para él sus tierras extranjeras).
___________________________________________________
LARRAURI, Maite. El deseo según Gilles Deleuze. Valencia: Tandem edicions, 2000
·
·
·
Nuestra única orientación ha de ser una preparación a la experimentación. Y esta preparación consiste en no ser imitativos, en no juzgar, en no interpretar mediante las categorías generales de lo que está bien o mal; esto es, se trata de no reducir la experiencia a lo que se nos da socialmente como lo ya conocido. Puesto que no sabemos qué puede nuestro cuerpo, de qué afectos es capaz, hasta dónde puede llegar nuestro territorio, hay que probar.
Probar consiste en no juzgar a los existentes sino en sentir si nos convienen o no, si nos aportan fuerzas vitales que ampliarán nuestra potencia o, por el contrario, si nos llevan a la miseria y a la pobreza. Lo que nos conviene puede ser reconocido por dos características: crecimiento y alegría. Ambas son indisolubles. Un crecimiento que no conduce a la alegría puede ocultar la imposición de un territorio que no es el nuestro (como el caballo de carreras convertido en caballo de labranza). Una alegría que no produce crecimiento puede estar larvada de triste resentimiento (la alegría del envidioso cuando ve que le van mal las cosas a aquel al que envidia).
(…)
Cada uno de nosotros es una combinación única, una jugada de dados particular, un modo en el que la vida se presenta: nuestras esencias son particulares. La vida que hay en cada uno de nosotros es un grado de potencia, no es algo fijo y dado de una vez por todas, sino algo en continuo devenir, crecimiento y disminución. Sin embargo, cuano asumimos una identidad, sujetamos el desarrollo de nuestra potencia de vida a los deseos, las ideas y las formas de vida propias de esa identidad que se nos incorpora. Las identidades siempre son mayoritarias: “hombre”, “blanco”, “occidental”… El yo personal se nutre de esos deseos, ideas y formas, y no deja que en él prolifere nada que no sea acorde con esa identidad. Aprisionamos la vida.
Devenir comienza cuando rompemos las líneas duras del ser. Todos los devenires son minoritarios, ya no están guiados por las identidades. Cada individuo desarrollará entonces la vida en un modo particular pero no personal: las ideas, los deseos, los modos de vida que le invaden y de los que se contagia nacen y se mueven desde más acá o más allá de él mismo, de su yo. Lo individual y particular no es personal, es impersonal, cósmico, mundano.
La vulgaridad y la fealdad están del lado del ser. Pero hay que entender que los peligros y los riesgos están del lado del devenir. La experimentación, la destrucción de la identidad personal, las líneas de fuga nos hacen bordear lo desconocido. Hay que desarrollar una gran prudencia, ser nómada sin acabar siendo exiliado. Hay que aprender a conocerse a sí mismo, experimentar pero encontrando aquello que nos conviene. Y todo ello sin morir en el intento.
___________________________________________________
LARRAURI, Maite. El deseo según Gilles Deleuze. Valencia: Tandem edicions, 2000
·
·
·